“(ustedes)
ya no son sus padres… sus padres son Axl Rose y Madonna… Los 5 minutos que
pasas con ella no pueden competir contra ese bombardeo constante… Nos superan
en armamento!” Diálogo de “Mentiras
Verdaderas” (USA 1994 – James Cameron)
La cita, ilustraría cierto
lugar común respecto al papel avasallante, omnipresente, que los medio de
comunicación, apoyados en los avances tecnológicos, tienen en la vida cotidiana.
“Los medios de comunicación (…), no sólo se limitan a constatar una
realidad preexistente, sino que la crean”[1]. La realidad es una “creación”, en la que no
se puede tener la ingenuidad de antaño creyendo que está afuera y nos
aproximamos a ella con mayor o menor sentido científico… Siendo que no habría
una capacidad ilimitada de crearla, no obstante no puede dejarse de lado que si
el sujeto se estructura a través del Deseo del Otro, que en su inicio se
trasluce vía parental, el “malestar en la cultura” occidental[2]
actual pivota en la revolución tecnológica y fuertemente a través de los medios
de comunicación con un imperativo categórico (superyóico): ¡¡CONSUME!!,
lo que impacta en las nuevas formas de subjetividad (aunque hace mucho tiempo
que se ha constituido este mandato).
También es cierto que un
creciente grupo de la población “se queda afuera” de la ola tecnológica a pesar
de los tibios intentos de las naciones (en particular menos desarrolladas): la iniciativa OLPC (One Laptop per child o Una laptop por niño)[3],
en la que la Argentina estuviera incluida en una lista de países en los que
arrancaría el proyecto (gracias a los buenos oficios de Adrián Paenza), no ha
despegado en nuestro país (e incluso aunque “relanzada”[4],
su implementación parece incierta y con objetivos “redefinidos”. Cabe señalar que hay excepciones como con
Uruguay, por ejemplo, que gracias al Plan
Ceibal[5],
inició ya en el 2007 la compra y distribución de los equipos). Por otro lado, ¿Cuáles son las posibilidades
dado los costos, para acceder a las delicias hipertextuales a través de medios
masivos y amigables en nuestro país? Los
e-readers, gadget que permite el sueño
de los lectores voraces de llevar una biblioteca a cuestas[6]
y que facilitarían la lectura (dado que las computadoras aún en sus versiones
de netbooks, no son tan cómodas como un libro e incluso fatigan mucho más
visualmente) cuestan alrededor de U$S
500[7]
(lejos de los U$S 200 del primer mundo) además que se trata de una tecnología
que todavía está dirigida a un público formados como lectores, no siendo
“atractiva” para aquellos que están en vías de serlo (la mayoría están en
blanco y negro y cuanto más “económicos” menores funciones, de modo que su
target no permite todavía reducir los costos, a pesar de la increíble oferta
que implican su capacidad, funcionalidad y portabilidad, impensables hace 50
años).
De todas maneras, los
artefactos culturales construyen, al decir de Vigotsky, “nuevos órganos
virtuales” que se basan en estas posibilidades mediadoras y que tienen un irreversible
impacto en las generaciones que surgen bajo estos paradigmas[8]
Pero la tecnología sólo es
una derivación del poderoso artefacto que es la lectoescritura y formas
precursoras del hipertexto ¿Cómo resistirse a la belleza de los caligramas? ¿De
“Espantapájaros” de Girondo, de la llave de Joan Brossa, de los de Apollinaire
o de “Girándula” de Guillermo Torre?:
Realizados sin más que el
pulso (los de Apollinaire) y con un artefacto simple como la máquina de
escribir (Girondo, Huidobro y su “Triángulo armónico”) logran una riqueza que
anticipa las posibilidades digitales. En
ese sentido, los apocalípticos vaticinios del fin de los libros a manos de la
tecnología sólo son temores resistenciales, ya que aunque producen cambios (y uno
de ellos por caso, la modificación cognitivamente que produce la “atención
múltiple y simultánea” que los jóvenes internautas despliegan necesariamente
frente a los contenidos web, bien podría calificarse de trastornos de la
atención o add mirados desde otro
ángulo si los resultados efectivos de dichas habilidades no hablaran por sí
mismos[9])
muchos de ellos insospechados aún, las ideas no pueden ser reemplazadas por
ninguna parafernalia técnica (como los efectos especiales no reemplazan el
argumento en una película).
[1] Rodríguez, J. : (2009) Clase nro 20 http://virtual.flacso.org.ar/mod/book/print.php?id=25779
[2] Aunque
el surgimiento de nuevos polos productivos y tecnológicos en países como India
y China por ejemplo, nos lleva lícitamente a sospechar que no solo se trata de
Occidente
[3] http://es.wikipedia.org/wiki/OLPC
(que arrastra sus propios problemas para su concreción también…)
[6] En mi caso, cargo alrededor de 50 libros de
lectura “simultánea” en un antecesor de los e-readers pero que cumple con dicha
función, una Palm TX, lo que supera
largamente mis posibilidades de transporte de libros “de papel”.
[7] Si tenemos en cuenta que el costo de la
canasta de alimentos ronda los $ 1.095,27 para una familia tipo (http://www.iefer.org.ar/nota/costo-de-vida-enero-de-2010.html)
y que no es sencillo para todas llegar a cubrirla (http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1235388
respecto a la brecha en los ingresos de ricos y pobres), todavía son
posibilidades lejanas para el grueso de la población.
[8] En los
últimos tiempos, se habla de “generación Y” a los nacidos en una situación de
consumo tecnológico impensable décadas atrás.
[9]
En todo caso, toda la tecnología actual apunta a esto: del hipertexto a los “zapping”, incluso de
los informativos donde en el extremo inferior de la pantalla de televisión,
durante la emisión de los mismos, aparecen textos en forma deslizante, que no
tienen que ver con lo que los periodistas dicen, dividiendo la atención del televidente.

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