jueves, 17 de abril de 2025

La naturaleza de lo Psíquico

Podemos decir que la psicología se ocupa de lo humano.  Ahora bien: de qué humano estamos hablando? Qué entendemos por humano?

 

Frente a ideas que vienen desde la antigüedad pero no han perdido vigencia y resumirían lo humano en su condición natural, como seres vivientes, sin negarla, la psicología opondría una noción más compleja: entender el fenómeno humano como bio-psico-social.

 

Si bien no podemos negar que como seres biológicos nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos, esos modos de hacer adquirirán peculiares sentidos de acuerdo al momento socio-histórico-cultural en el que los mismos se desarrollen.

 

A diferencia de lo que sucede en otras especies animales donde los cachorros, como representantes de su especie, se comportarán de acuerdo a ciertos patrones de conducta propios de la misma, los cachorros humanos nacen en un estado tal de prematuridad o fetalización que hará necesario que sea el entorno cultural quien subsane esas dificultades adaptativas.

 

Ningún cachorro humano sobreviviría si fuese abandonado a su suerte, deberá ser acogido por un otro que no sólo le brinde los cuidados básicos (alimentación, higiene, etc.) sino que ponga en juego algo que va más allá de la satisfacción de esas necesidades elementales y que hace a lo específicamente humano y es que se ponga en juego algo del orden del deseo. Una madre, o quien cumpla la función materna, no alimenta, abriga, acuna, etc. cumpliendo simplemente acciones de puericultura, lo hace no sólo por la satisfacción del bebé sino porque allí ella también obtiene placer en ese encuentro particular con ese otro.

 

Sintéticamente podríamos decir que a diferencia de los animales a los cuáles el instinto les marca su pertenencia a la especie, el cachorro humano para hacerse sujeto humano debe ser acogido por una matriz humana de significación que no sólo lo alimente con leche y papillas sino con palabras, que lo bañe no sólo con agua y jabón sino también con miradas y palabras, que le brinde a través de estos cuidados un plus, un algo más al que podríamos denominar “universo simbólico”. Una prueba de esto es el trabajo de René Spitz (Psiquiatra y Picoanalista austro-americano) que conceptualizó el fenómeno de “hospitalismo”, donde claramente se evidencia que no basta con la satisfacción de las necesidades básicas en el mundo humano.

 

Si nos hacemos sujetos humanos en un contexto humano de significación, obviamente los contextos histórico-sociales al cambiar van a tener marcas propias de época. Silvia Bleichmar (Psicoanalista argentina) nos señalará cómo la subjetividad remite a la manera en que  “las sociedades determinan las formas con la cual se constituyen sujetos plausibles de integrarse a sistemas que le otorgan un lugar”. Por eso es que podríamos decir que la subjetividad no es algo del orden de lo natural, biológico, genético, sino que la entenderemos desde el psicoanálisis como el modo peculiar en que cada sujeto despliega su forma singular de ser en el mundo, a partir del entrecruzamiento de su herencia biológica, sus redes vinculares y la matriz socio-histórico.cultural.

 

Pero si bien las épocas cambian y con ello los modos de producción de subjetividad, el funcionamiento del psiquismo estaría sujeto a leyes que permanecen invariables en el tiempo.

viernes, 5 de julio de 2024

Lenguajes y textos en un mundo global (2010)

 

(ustedes) ya no son sus padres… sus padres son Axl Rose y Madonna… Los 5 minutos que pasas con ella no pueden competir contra ese bombardeo constante… Nos superan en armamento!” Diálogo de “Mentiras Verdaderas” (USA 1994 – James Cameron)

 

La cita, ilustraría cierto lugar común respecto al papel avasallante, omnipresente, que los medio de comunicación, apoyados en los avances tecnológicos, tienen en la vida cotidiana.

 

Los medios de comunicación (…), no sólo se limitan a constatar una realidad preexistente, sino que la crean[1].  La realidad es una “creación”, en la que no se puede tener la ingenuidad de antaño creyendo que está afuera y nos aproximamos a ella con mayor o menor sentido científico… Siendo que no habría una capacidad ilimitada de crearla, no obstante no puede dejarse de lado que si el sujeto se estructura a través del Deseo del Otro, que en su inicio se trasluce vía parental, el “malestar en la cultura” occidental[2] actual pivota en la revolución tecnológica y fuertemente a través de los medios de comunicación con un imperativo categórico (superyóico):  ¡¡CONSUME!!, lo que impacta en las nuevas formas de subjetividad (aunque hace mucho tiempo que se ha constituido este mandato). 

 

También es cierto que un creciente grupo de la población “se queda afuera” de la ola tecnológica a pesar de los tibios intentos de las naciones (en particular menos desarrolladas):  la iniciativa OLPC (One Laptop per child o Una laptop por niño)[3], en la que la Argentina estuviera incluida en una lista de países en los que arrancaría el proyecto (gracias a los buenos oficios de Adrián Paenza), no ha despegado en nuestro país (e incluso aunque “relanzada”[4], su implementación parece incierta y con objetivos “redefinidos”.  Cabe señalar que hay excepciones como con Uruguay, por ejemplo, que gracias al Plan Ceibal[5], inició ya en el 2007 la compra y distribución de los equipos).  Por otro lado, ¿Cuáles son las posibilidades dado los costos, para acceder a las delicias hipertextuales a través de medios masivos y amigables en nuestro país?  Los e-readers, gadget que permite el sueño de los lectores voraces de llevar una biblioteca a cuestas[6] y que facilitarían la lectura (dado que las computadoras aún en sus versiones de netbooks, no son tan cómodas como un libro e incluso fatigan mucho más visualmente)  cuestan alrededor de U$S 500[7] (lejos de los U$S 200 del primer mundo) además que se trata de una tecnología que todavía está dirigida a un público formados como lectores, no siendo “atractiva” para aquellos que están en vías de serlo (la mayoría están en blanco y negro y cuanto más “económicos” menores funciones, de modo que su target no permite todavía reducir los costos, a pesar de la increíble oferta que implican su capacidad, funcionalidad y portabilidad, impensables hace 50 años).

 

De todas maneras, los artefactos culturales construyen, al decir de Vigotsky, “nuevos órganos virtuales” que se basan en estas posibilidades mediadoras y que tienen un irreversible impacto en las generaciones que surgen bajo estos paradigmas[8]

 

Pero la tecnología sólo es una derivación del poderoso artefacto que es la lectoescritura y formas precursoras del hipertexto ¿Cómo resistirse a la belleza de los caligramas? ¿De “Espantapájaros” de Girondo, de la llave de Joan Brossa, de los de Apollinaire o de “Girándula” de Guillermo Torre?:

 


Realizados sin más que el pulso (los de Apollinaire) y con un artefacto simple como la máquina de escribir (Girondo, Huidobro y su “Triángulo armónico”) logran una riqueza que anticipa las posibilidades digitales.  En ese sentido, los apocalípticos vaticinios del fin de los libros a manos de la tecnología sólo son temores resistenciales, ya que aunque producen cambios (y uno de ellos por caso, la modificación cognitivamente que produce la “atención múltiple y simultánea” que los jóvenes internautas despliegan necesariamente frente a los contenidos web, bien podría calificarse de trastornos de la atención o add mirados desde otro ángulo si los resultados efectivos de dichas habilidades no hablaran por sí mismos[9]) muchos de ellos insospechados aún, las ideas no pueden ser reemplazadas por ninguna parafernalia técnica (como los efectos especiales no reemplazan el argumento en una película).

 

Claro que la tecnología, permite la belleza de sitios como los de los “notpoems”[10], la poesía visual de Joan Brossa[11] y tantísimos otros, “democratizados” y circulando por fuera de recomendaciones o establecimientos canónicos, la tónica registrada en Internet.


[1] Rodríguez, J. :  (2009) Clase nro 20  http://virtual.flacso.org.ar/mod/book/print.php?id=25779

[2] Aunque el surgimiento de nuevos polos productivos y tecnológicos en países como India y China por ejemplo, nos lleva lícitamente a sospechar que no solo se trata de Occidente

[3] http://es.wikipedia.org/wiki/OLPC (que arrastra sus propios problemas para su concreción también…)

[6] En mi caso, cargo alrededor de 50 libros de lectura “simultánea” en un antecesor de los e-readers pero que cumple con dicha función, una Palm TX, lo que supera largamente mis posibilidades de transporte de libros “de papel”.

[7] Si tenemos en cuenta que el costo de la canasta de alimentos ronda los $ 1.095,27 para una familia tipo (http://www.iefer.org.ar/nota/costo-de-vida-enero-de-2010.html) y que no es sencillo para todas llegar a cubrirla (http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1235388 respecto a la brecha en los ingresos de ricos y pobres), todavía son posibilidades lejanas para el grueso de la población.

[8] En los últimos tiempos, se habla de “generación Y” a los nacidos en una situación de consumo tecnológico impensable décadas atrás.

[9] En todo caso, toda la tecnología actual apunta a esto:  del hipertexto a los “zapping”, incluso de los informativos donde en el extremo inferior de la pantalla de televisión, durante la emisión de los mismos, aparecen textos en forma deslizante, que no tienen que ver con lo que los periodistas dicen, dividiendo la atención del televidente.

Canon literario escolar

 Conformación del canon literario escolar:  qué y cómo dar a leer en la escuela


Como transmisores culturales y no imposibles espectadores al margen de la misma, ¿Es posible dejar de impulsar determinadas lecturas? ¿Es posible escapar a la conformación de un canon literario?... ¿Sería deseable?

De ninguna manera.  El canon es un producto cultural e histórico[1], pero ineludible, ya sea en la transmisión individual como en la reglada y “oficial”, si acordamos con J. Rodríguez (2009) en que “El potencial educador de la sociedad pasa, entonces, por su capacidad para propiciar formas diversas de comunicación que no tengan como propósito exclusivo la dominación y hagan posible el florecimiento y fortalecimiento de la diversidad de expresiones[2]

¿Podría un docente no estar obligado (no solo desde la institución escolar) a presentar un recorrido posible?  No, pero lo ineludible también es la reflexión que post Foulcault y sus ideas sobre el “dispositivo de saber - poder” y de Gramsci respecto a la “hegemonía” y la constitución de un “bloque hegemónico”, debería hacerse sobre un canon escolar. 

Pero otra pata de la cuestión, no es solamente la elección de textos (que puede hacerse con mayor o menor pericia, e incluso jugando sobre seguro, limitarse a los textos “bendecidos” como políticamente correctos), sino lograr un “plus” entendido no sólo como el aprendizaje de la lecto-escritura en los primeros años, sino también un creciente y cada vez mayor pensamiento crítico que lleve a “hacer pelear los textos” a partir de los pensamientos que despiertan. ¿Sería posible sin el apasionamiento del mediador cultural (léase docente)? Pasión como un bien transmisible.  Pasión de uno mismo no como “modelo” (ya que inevitablemente llevaría a la “educación bancaria” que critica Freire[3]) sino como la encarnación “posible” (muestra, no única) del Otro cultural – ideales de la cultura –

 

Un libro es un contaminante. No se puede imponer a un ser en edad escolar la pasión por la lectura pero sí se puede contagiar la emoción de un lector atento a otro lector incipiente. Tal cual la gramínea en el césped, el contagio es un vínculo más poderoso entre personas que la lección de gramática. Pero para ello es preciso saber contar una historia. (Ferrer, Ch. 2009)

Parafraseando una frase popular, si no sabemos contar una historia, es imprescindible tener el teléfono de quien sabe hacerlo… es decir: poder recomendar o echar mano a buenos libros, que como dice Stephen King a través de su alter ego Paul Sheldon:

No puedo arreglar un grifo que gotea. No puedo patinar ni dar un acorde de Fa en la guitarra que no suene a mierda. Dos veces he intentado el matrimonio y en ninguna lo conseguí. Pero si quiere usted que le saque de su círculo, que le asuste, que lo seduzca con una historia, que le haga llorar o sonreír, eso sí que puedo. Puedo traerlo y llevarlo hasta que grite basta. Soy capaz de hacerlo. (King, S. Misery 2001)

 

La palabra que leemos tiene el poder de hacernos “…caer en el agujero del papel” (King, S. Misery), y emocionarnos, trasladarnos, trascender aquello de los que aparentemente trata (cómo leer 1984 de Orwell malográndolo sólo en un reality de tv, sin preocuparnos por la memoria, la libertad, las organizaciones sociales y su control, etc., como leer Abbadon el exterminador de Sábato sin pensar en el mal, el sufrimiento, el apocalipsis, los mitos y profecías?)

Un poeta popular como Joaquín Sabina, señala en un reportaje (Revista Viva, 20 Diciembre de 2009) que “…ayer estaba pensando con vistas a una canción sobre las cosas sin las que realmente no podría vivir.  Y son cinco:  leer, escribir, los amigos, leer y fumar” potenciando con el fallido, advertido por el periodista, remata: “Aún en la época más loca, de madrugada y en bares infames, tenía mi libro

 

De modo que sin la marca cultural que nos oriente hacia determinadas lecturas, sería muy difícil encontrarse fortuitamente con autores que incluso han traspasado “océanos de tiempo” para que los escuchemos.


[1] Kohan, M.: (2009), “Notas sobre el canon”, Bs. As., FLACSO “…no existe nada así como un valor estético dado, objetivo, trascendente, manifiesto de por sí. Los valores literarios (esto es: lo que se tiene por bueno o por malo, lo que se consagra como central y lo que se posterga al margen, lo que se hace ingresar al canon y lo que se excluye de él) se modifican históricamente, ya que son establecidos y sancionados desde la institución literaria

[2] Rodríguez, J.:  (2009) “Lectura, escritura y medios de comunicación”,  Bs. As., FLACSO

[3] Freire, P.: (1972) Pedagogía del oprimido, Buenos Aires, Tierra Nueva y Siglo XXI Editores