jueves, 21 de febrero de 2019

Biblioteca


Biblioteca



     Recorriendo la biblioteca, hojeando tanto libro cuyo olor y marcas rápidamente me transportan a otros momentos, tan vívidos que siento breve pero intensamente emociones e ideas ligadas… Con este, se me seca la boca con diversos párrafos, que me recuerdan a D…  Este otro, trae la crudeza de la revelación de B., cuya brutalidad me regaló desde entonces un insomnio pertinaz y un dormir mezquino,  poblado de malos sueños…

     Tras un viejo y raro tomo de anatomía, lo encuentro y la sorpresa es muy grande:   el drip, con un brillo apagado se muestra con su antigua insolencia y eficacia.  Lo tomo suavemente entre mis viejos dedos, con algo de temor a que su seguramente intacto poder provoque versiones de los desarfortunados eventos de los que amargamente lo sé capaz.

     Recuerdo mi primer encuentro con él:  yo era un joven feliz e ilusionado en el futuro, obviamente sin ninguna idea de lo que el artilugio provocaría en mi vida, aplastando todo vestigio de lo que hubiera podido ser una vida provechosa y útil.

    En una (después supe que no era así) aparentemente feliz partida de cartas, S., con la desesperación de los jugadores empedernidos que nunca aceptan que han perdido antes de jugar, lo extrajo de un bolsillo interno.  Lo miré con curiosidad y me dijo… Abrí muy grande los ojos y la codicia guio mis acciones.  Para espanto de S., el demonio inspiró mis jugadas y mano tras mano, desplegué la astucia más canalla, que iba alejando más y más mi puntaje del de mi contendiente.  Al final, cartas particularmente afortunadas, me hicieron el poseedor de un dinero que no me interesaba, sólo había espacio para ese objeto que me permitiría…  Según supe mucho después, S. acabó con su vida esa misma noche.

     Absorto como estoy con mis recuerdos, inadvertidamente me dirijo hacia la ventana exterior, con sumo cuidado abro ambas hojas y deposito con delicadeza extrema al drip sobre el soberbio escritorio de caoba antes de saltar.