viernes, 19 de mayo de 2017

La felicidad tiene cara de fideos de colores



La felicidad tiene cara de fideos de colores



Allá por 1975, yo tenía unos diez años... Recuerdos difusos, lo único que si me acuerdo con cierta claridad y alegría es que durante una época, en mi casa se comían muchos fideos amasados a mano y sin máquina alguna.  Para mi sorpresa, mi mamá mezclaba distintos alimentos para lograr algo que me maravillaba:  fideos de colores!  Increíblemente, hacía fideos de color naranja, amarillos, verdes y creo que otros colores también aunque ya no sé cuáles.  La recuerdo como una época en la que esperaba esos almuerzos o cenas, para descubrir que manjar colorido en forma de fideos hacía mi vieja.

Muchos años después, me relató casi con lágrimas en los ojos,que fue una época difícil, del Rodrigazo, que el dinero que mi papá ganaba no alcanzaba para comer otra cosa y que a ella se le partía el corazón de sólo hacer fideos con tanta frecuencia... Que lo de los colores fue un rebusque para que no le doliera tanto, más que nada a ella misma, por lo que suponía poco para ofrecer a sus hijos.  Me sorprendí mucho con este relato, le dije que para mí era uno de los recuerdos más lindos en su sencillez y que había tenido un gran éxito, porque no sólo jamás pasé hambre sino que tampoco nunca me dí cuenta de que eran épocas de escasez... Qué malabares hacen los padres para sus hijos y con qué frecuencia esa magia sencilla es por demás eficaz!
Al día de hoy, con sobrepeso y no pudiendo comer pastas casi nunca, todavía cuando veo fideos de colores en el mercado, involuntariamente una sonrisa se me dibuja en el rostro...




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